Nuestra llegada a Francia estuvo marcada por decirlo de forma poética por las lágrimas de todos los dioses francos. Una lluvia intensa nos acompanó después de la mitad del viaje alternada por espacios de sol. A nuestra llegada lo que más temíamos ocurrió, tuvimos que instalar las tiendas (casas de campaña) como decimos en Cuba bajo la lluvia. Yo que no soy de las más entusiastas con lo del campismo estaba de pésimo humor. Gabriela había llevado a una amiga Yara y ambas sabían tanto de armar una tienda como mi abuela de chino. Finalmente y los que tengan la oportunidad de ver las fotos podrán darse cuenta que la tienda quedó algo encorbada pero resistió todos los embates del viento que nos acompañaron durante la semana.
Para ver el resto del relato:
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario